El amante de los viajes gastronómicos encuentra China un destino muy apetitoso. El desconocimiento culinario que existe hacia la cocina de aquel país es directamente proporcional a su variedad y calidad. 
 
Hoy no vamos a escribir sobre los mejores restaurantes de  Beijing, Shanghai o Hong Kong, este tema queda pendiente para otro post. Nos gustaría acercaros  la cultura callejera de la gastronomía que se percibe en cualquier urbe china. Cada dos pasos es fácil toparse con un establecimiento de comida. Los hay de todos los tamaños, olores y sabores. La actividad es frenética, desorganizadas colas de personas esperando su turno para pedir hasta el último resquicio de un pollo, comensales desayunando un cuenco de tallarines o una bandeja de empanadillas, hasta una brocheta de frutas para refrescarse. En China se dice que “los chinos se come cualquier cosa que tenga cuatro patas, menos una mesa” y es verdad.
 
Desde hace algún tiempo no es raro pasear por la noche por las calles de Madrid y ver grupos de chinos vendiendo cervezas, bocadillos o lo que se tercie. En China es una práctica muy extendida y “profesionalizada”. Una bicicleta adaptada hace las funciones de plancha sobre la que se cocinan carnes, verduras y pescados.   Este tipo de negocios abundan en el país de Mao, antes o después el viajero se anima y termina probando todo, hasta el tofu apestoso.
 
Buen provecho.